1-.Un vicio: La soledad.

El viento gélido acaricia, con su mano helada, la delicada piel de mi rostro. Miro a mí alrededor.
Estoy sola.
Por fin, después de mucho tiempo, me doy cuenta de cuánto lo he echado de menos, de cuanto he extrañado poder liberar mi mente, dejarla vagar libremente de un tema a otro, sin prisas ni presiones. Ser yo misma, por una vez.
Dejar de fingir quien no soy, falsamente alegre, falsamente sociable. Borrar de una vez esa evidente y trabajada sonrisa que voy regalando y que mis ojos nunca comparten.
Puedo hacer lo que quiera. Puedo bailar, hablar a voz en grito,diciendo los disparates que siempre me callo. Puedo sumirme en un interesante debate intelectual ininterrumpido por histriónicas vocecillas que me reclamen de vuelta al mundo real.
¿Se sentirían así los grandes pensadores de la historia? ¿Se sumirían durante horas ese tipo de debates internos? ¿Se sentirían, como yo, tentados de quedarse bajo un árbol para siempre, pensando, leyendo o simplemente observando, alejados del mundanal ruido?
No me puedo comparar a ellos, claro, teniendo en cuenta que los asuntos que surcan mi mente son anodinos, insignificantes, triviales… Pero echaba de menos poder pensar en ellos tranquilamente, me hacen bien.
Y el silencio, el silencio es apacible, me envuelve en un manto de paz y tranquilidad. No es como esos silencios incómodos después de una conversación, en la que cada uno busca a la carrera otro tema lo suficientemente interesante como para no parecer un idiota. Este me hace sentir bien, segura, cómoda.
Solo el sibilante sonido del viento atravesando los abetos hacia los que me dirijo rompe el silencio, creando una melodía simple y relajante que tiene un efecto casi hipnótico, como una atávica canción de cuna.
Me siento bajo el árbol, el mismo con el que tantos momentos he compartido, ahora casi desnudo recibiendo sin piedad los azotes del invierno. Me siento en el suelo helado, y de mis labios escapa una pequeña exclamación. Sonrío. Si estuviera acompañada ya me habrían aconsejado levantarme. Y si me hubiera negado, al menos habría pensado que soy muy rara. Pero estoy sola. Mis locuras y mis rarezas son un secreto. Un secreto que compartimos el viento, fiel confidente, y yo, cuando estoy a solas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario